Si me conoces sabrás que me gustan mucho las historias de la Biblia. Si no, al menos ya lo sabes. Una de las historias que más me intrigan sucede en el capítulo 16 del 1er libro de Samuel. En el versículo 14 dice así:

14 Ahora bien, el Espíritu del Señor se había apartado de Saúl, y el Señor envió un espíritu atormentador.16:14 O un espíritu maligno; también en 16:15, 16, 23.

15 Algunos de los siervos de Saúl le dijeron:

—Un espíritu atormentador de parte de Dios te está afligiendo. 16Busquemos a un buen músico para que toque el arpa cada vez que el espíritu atormentador te aflija. Tocará música relajante, y dentro de poco estarás bien.

17 —Me parece bien —dijo Saúl—. Búsquenme a alguien que toque bien y tráiganlo aquí.

Aquí hay dos cosas que me llaman la atención. La primera es que Dios le envió un “espíritu atormentador” para afligirlo. Saúl necesitaba de la música para calmar a ese “espíritu” que lo atormentaba. Y es allí cuando trajo a David para tocarle el arpa.

Dejando a un lado el aspecto metafísico, el otro punto que me interesa en este texto es la solución que le da su sirviente para ayudarlo: “busquemos un buen músico…”. Y es esto donde a mi mente le llama poderosamente la atención la fuerza de la música para aliviar nuestro sufrimiento.

Incluso para alejar espíritus.

Ernst Josephson (1851-1906). “David y Saúl” (1878). Museo Nacional de Estocolmo

 

La música como salvación de nuestra mente y nuestra alma

 

Esto no es un texto para demostrar el poder de la música para sanar enfermedades y padecimientos. No, por Dios, no. Sino una reflexión que tiene este arte para calmar nuestros más profundos terrores.

Hace unos días leí sobre el caso de James Rhodes, un pianista que fue violado por su profesor de educación física cuando solo tenía 6 años. Un caso que da enorme rabia y que le suscitó consecuencias negativas de depresión, ansiedad y varios intentos de suicidio.

En una entrevista que le realizaron lanza una frase que es como una perla en el fondo del mar:

“Sólo el sonido del piano consiguió y aún hoy lo hace, acallar mi ruido interior”

– James Rhodes

Y recordé el caso de Saúl que te comenté al inicio de este texto. Claro, las diferencias de ese ruido interno son muy contrastantes. Pero yo entiendo de ese ruido, de esa ansiedad que desea devorarte y luchas para no ser consumido por ella.

Y la música es una aliada vital para enfrentarte a esa oscuridad. Y más allá de la música, algo con que aferrarnos y sintamos que nos pueda salvar.

 

Muchas personas necesitan ser salvadas por algo: Búscalo y deja que te encuentre

 

Buena parte de mi juventud me desarrollé en un entorno cristiano. Allí, te urgen la necesidad de aceptar como tu salvador a Jesús. Te salvará de tu alma de ir al infierno pero también de tu soledad, tus adicciones, tus malas relaciones y todo el pasado quedará atrás.

Por muchos años creí eso, y en cierta forma lo sigo creyendo, pero con un ligero cambio. Estoy absolutamente convencido de que todos necesitamos un salvador, pero esa salvación terrenal puede venir de diferentes maneras.

En el caso de James Rhodes, la salvación viene con la música, que lo ha ayudado a resistir su aguijón. Para otros su salvador es el cine, otros la escritura. Estoy seguro que para otros la ciencia, el arte o el deporte fue lo que evitó que cayeran al abismo.

Y creo que todos debemos buscar esa salvación o como muchos le dicen, esa pasión, para calmar nuestros tormentos interiores.

El mismo Guillermo del Toro lo dijo hace pocos días: “Algunos encuentran a Jesús, yo encontré a Frankenstein”.

Es algo que puede sonar un poco despectivo, pero que encierra una gran verdad: fueron los monstruos y criaturas mitológicas las que llevaron al flamante ganador del Oscar a encontrar su vocación y encontrar esa paz en su mente.

Otro gran ejemplo es el amor de Kobe Bryant le tiene al baloncesto y que lo dejó grabado en una hermosa carta y video ganador del Oscar a mejor cortometraje animado.

Solo un detalle que debo aclarar: las personas no salvan. Todos somos imperfectos y siempre fallamos, aunque no lo deseemos. No bases tu felicidad en tu pareja, amigos, padres. A ellos debes quererlos y amarlos por lo que son, no por lo que pueden hacer por ti.

Pero todos necesitamos una vocación que nos salve. Encuentra la tuya y ámala con todo lo que tengas. Esa musa que te dará la mayor satisfacción que tengas en esta vida. No te defraudará.